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América se nutre para el Clásico Nacional

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América prolongó jetatura sobre Cruz Azul. (1:28)

Las Águilas se impusieron por 3-1 ante 'La Máquina' en el que pudo ser el último 'Clásico Joven' en el Estadio Azul. (1:28)

LOS ÁNGELES -- Por momentos fue rival. Por momentos fue comparsa. Terminó siendo víctima. Pero, Cruz Azul se meneó con la cadencia que le impuso el América.

El marcador (1-3) refleja la diferencia, pero no las distancias. América especuló con las ansias del despecho cruzazulino. Con mano de jinete fino, le jalaba la rienda, o le soltaba la rienda al galope desesperado... y La Máquina reparaba, pero no respondía.

Cierto: los primeros soponcios fueron de Marchesín. En ambas acciones intervino Chaco Giménez, en una de ellas, con doble verónica sobre Edson Álvarez. La primera se pierde por un fuera de lugar de Méndez, y la segunda porque Martín Rodríguez mandó el balón a don él no irá, allá, por Siberia.

Después, los dos momificados por Ricardo LaVolpe, resucitados por Miguel Herrera, Chino Romero y Darwin Quintero, pusieron una distancia de 0-2 que permitió al América juguetear con La Máquina, impulsiva, respondona, obsesiva, pero sin ese jugador de instinto mercenario. Pero aún cuando sale Mena y entra Cauteruccio.

Romero sirvió de heraldo en ambos goles. Primero es cortés con Darwin Quintero, y después le entrega el citatorio a Oribe Peralta. El 0-2 dejó impávidos a los celestes. Paco Jémez se metía las manos en el bolsillo. Su mejor pólvora la había quemado en el infiernillo del primer tiempo.

Y Cruz Azul fue siempre generoso. En esfuerzo y en intenciones. Quiso hacer respetar su casa, esa casa ruinosa que abandonará pronto, y en la que la tribuna celeste mantenía la esperanza vigorosa desde la tribuna.

Pero la regla de tres obsoleta de la posesión de balón no daba frutos. Cruz Azul tenía la potestad del balón, pero los por cientos apenas le redituaron un gol, cuando Paul Aguilar rompe el balón, el adversario, el manual de buenas costumbres, el fair play, y la pantorrilla derecha de Zúñiga. El penalti debió incluir al menos tarjeta amarilla, pero bien merecida habría sido la roja por acumulación de alevosías del americanista.

Méndez canjea con todos los bonos la ofrenda. Engaña a Marchesín y mete el balón, desde su indigencia absoluta, bajo el código infalible de O'Rei Pelé: fuerte, raso y pegadito a la estatua de metal. 1-2. Algidez en cancha y tribuna. Hasta El Piojo Herrera volteó a la banca a ver si prevalecía el fantasmagórico talismán de Moisés Muñoz, para romper el botiquín de emergencias.

No hubo necesidad. Cuando La Máquina pujaba con todo el ardor restante, a todo vapor, y las Águilas sacaban reloj y rosario, Adrián Aldrete arruinó la gesta cruzazulina: se gana la segunda amarilla.

Y se oyeron dos bufidos: el resuello de alivio del América y el desconsuelo celeste.

El 3-1 era una confesión: Peñalba explica públicamente porqué Jémez le da la capitanía de la banca del equipo. Pierde el balón en una pésima entrega, Uribe acepta el obsequio. Enfila, y con esos planos indespilfarrables de tiempo y espacio, invita a Corona para que sirva de modelo de la impotencia, en elegante lance, mientras acomoda el balón al segundo poste: 1-3.

Sin duda beberse la sangre de uno de sus acérrimos rivales, nutre al América en una semana de Clásico ante Chivas, mientras que Cruz Azul se mantiene en el andamio de Liguilla.