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Hay que acelerar los juegos de béisbol, pero sin dañar su esencia

Una de las medidas que podría implementarse es un 'reloj de pitcheo' para limitar el tiempo entre lanzamientos. AP Photo/Bill Wippert

El comisionado de las Grandes Ligas, Rob Manfred, quiere agilizar los partidos de pelota, lo cual me parece muy bien. La cosa es que lo haga sin dañar la esencia del juego.

Manfred está consciente de que las nuevas generaciones de fanáticos cada vez son menos propensas a pasarse tres horas delante de un televisor y prefieren ir a sus dispositivos electrónicos, ya sean computadoras, tabletas o teléfonos inteligentes, para ver los resúmenes de los encuentros, con las mejores jugadas.

El jerarca de la MLB busca atraer a los llamados 'millenials', que si bien hoy no representan un sector de consumo poderoso en términos económicos, sí lo serán en los próximos cinco, diez o 15 años.

Ya muchos aficionados están poniendo el grito en el cielo con el experimento que se pondrá en práctica durante la pretemporada, de colocar un corredor en segunda base abriendo el décimo episodio, en caso de extrainnings, como se aplica en los torneos de 'softbol cervecero'.

Manfred anunció que también se usará la llamada 'regla Schiller' en el Juego de las Estrellas, pero a partir del undécimo capítulo.

No se alarmen... por el momento. Es sólo de manera experimental y en juegos sin un significado real.

Es imposible aspirar a que los juegos duren aquellas escasas dos horas de hace décadas, pues entonces no existía televisión y por ende, no se consumían unos dos o tres minutos entre innings para anuncios comerciales.

Saquen la cuenta y verán. Digamos tres minutos cada vez que se sacan los tres outs y viene a batear el otro equipo, por 18 veces (parte alta y parte baja de cada inning), ahí se fueron 54 minutos, casi una hora.

Por esa vía parece imposible recortar tiempo, pues el dinero manda. Obvio, ¿no? Está difícil de creer que alguien va a ceder ganancias a cambio de tiempo.

Si bien gran parte del éxito de la publicidad está en la repetición del mensaje hasta impactar en la mente del consumidor, podría negociarse con los patrocinadores de las transmisiones la creación de dos versiones de un mismo anuncio, una más corta para poner al aire en la mitad de cada inning y la más larga cuando termine una entrada completa, de manera que no todas las pausas comerciales tengan la misma duración.

Donde sí puede ganarse tiempo es dentro del propio juego en sí, donde se pierden preciosos minutos innecesariamente.

Una de las maneras sería limitar el número de visitas al montículo y no sólo del coach de pitcheo o el manager, sino, sobre todo, de los catchers.

¿Cuántas veces no hemos visto que en un solo turno al bate el receptor y el lanzador conferencian varias veces para ponerse de acuerdo sobre qué envíos hacer?

Si los viajes de los enmascarados a la lomita contaran como visitas y ello implicara que a la segunda hay que cambiar el serpentinero, los implicados buscarían otros métodos para comunicarse sin desperdiciar tanto tiempo.

Otra vía en la que se consume demasiado tiempo es en las reclamaciones de las jugadas apretadas.

En primer lugar, se le da demasiado tiempo a los managers para decidir si apelarán o no las decisiones arbitrales, algo que no debería ser así.

Como dice el colega Ernesto Jerez, si un mentor va a reclamar, debía ser a ojo por ciento. En otras palabras, si la jugada le pareció apelable, reclámela de una vez.

Es cierto que las apelaciones son escasas y perder la primera le quita el derecho a una segunda.

Pero es preferible darle a los equipos un turno más de reclamaciones, en vez de que, en cada jugada cerrada, el director -- u otra persona encargada -- revise el video para decidir si apelará o no.

Y una vez que decide reclamarla, no pueden los especialistas en el centro de control de Nueva York tomarse tanto tiempo en decidir.

A veces vemos jugadas más que evidentes en las que desde la Gran Manzana gastan hasta cinco o seis minutos, que van sumando hasta hacer el juego algo interminable.

Tómense esas medidas y veremos cómo disminuye el tiempo de los partidos, sin necesidad de dañar la esencia del juego con reglas de softbol cervecero.